Open Access y la crisis de la revista científica: Libre acceso al conocimiento (1/4)

portón de entrada con la puerta de reja abierta, con una senda que lleva a una casa señorial

(Última actualización: 27/09/2018)

candado abierto, símbolo de open accessEl Acceso abierto (en inglés, Open Access, OA) es el acceso inmediato y sin restricciones a material digital educativo, académico, científico o de cualquier otra clase. Se suele referir, no obstante, a artículos de investigación científica.

Los comienzos 

Los cimientos del movimiento de Acceso Abierto (Open Access) se establecen en las conocidas como «Declaraciones internacionales BBB», en las que se fijan su definición y criterios y donde se adhieren numerosas organizaciones internacionales. Estas declaraciones de las tres bes son la Declaración de Budapest (2002), la Declaración de Bethesda (2003) y la Declaración de Berlín (2003).

La Declaración de Berlín es una declaración internacional sobre el libre acceso a la literatura científica. Fue suscrita en el 2003 en una conferencia organizada por la Sociedad Max Planck. Mientras escribo estas líneas (mayo de 2018) hay ya 612 instituciones científicas y universidades adheridas, según refleja la página del Max Planck. En España, numerosas instituciones, universidades y centros de investigación como el CNIO o el CSIC se han adherido a la Declaración de Berlín.

La crisis de la revista científica

Open Access no es causa, sino respuesta a la crisis de la revista científica tradicional. Entre 1975 y 1995, el precio de las revistas académicas se ha incrementado entre un 200% y un 300% tras haber descontado la inflación [1]. Este encarecimiento NO se debe a lo que cobran los autores, pues no cobran nada, ni a lo que cobran los revisores, pues no cobran nada tampoco. Al revés, el trabajo de los autores es financiado por universidades y centros de investigación. En el caso de las publicaciones electrónicas, tampoco se debe a gastos de imprenta, encuadernación y distribución.

Al tiempo que el precio de las revistas sube, el número de suscripciones baja. La respuesta de los editores es cobrar más por los artículos. Si eres una biblioteca, con un presupuesto menguante cada vez accedes a menos suscripciones. Si eres un particular, puedes comprar artículos científicos mientras te alcance el presupuesto. Ah, y si no te sirve para tu investigación, no te devuelven el dinero. Esta política de cobrar más por menos es una huida hacia delante típica de los períodos de crisis. Como cuando en el paso al euro los bares te doblaron el precio del café.

café de máquina en un bar, de esos que subieron con el euro


En 2001 nació la Public Library of Science (PLOS) https://www.plos.org/, un proyecto sin ánimo de lucro que tiene como objetivo crear una biblioteca de literatura científica de acceso abierto. Ese mismo año, más de 30000 científicos de todo el mundo se adhirieron a una «Carta abierta a los editores de revistas científicas» en la que instaban a estos editores al establecimiento de una biblioteca pública en línea que proporcionara contenidos completos de todo lo publicado en los campos de la medicina y ciencias biológicas de forma gratuita, accesible, capaz de soportar búsquedas y entrelazada mediante hipertextos. La carta fue firmada por Harold Varmus, Premio Nobel, Director del Instituto Nacional del Cáncer, Patrick O. Brown, Catedrático de la Facultad de Medicina de la Universidad de Stanford y Michael Eisen, Profesor Adjunto de Cátedra, Universidad de California, Berkeley.

En los últimos tiempos, se han alzado más voces de prestigio, como la de Randy Schekman, Nobel de Medicina 2013. [2] Schekman, por una parte, cuestiona el sistema de publicaciones científicas, en concreto el control que ejercen las editoriales comerciales en la investigación científica. Por otra, cuestiona la validez del llamado «factor de impacto» de las revistas científicas, medido por el Science Citation Index (SCI), antes controlado por Thomson-Reuters y hoy por la empresa de capital inversión Clarivate Analytics [3], detrás de la cual están el Baring Private Equity Asia, con sede en Hong Kong y Onex Corporation, con sede en Toronto. Sí, por si no queda claro: el factor de impacto de las publicaciones científicas lo controlan fondos de capital inversión. La alianza entre ciencia y capitalismo, que comentaba Yuval Noah Harari en Sapiens.

Randy Schekman,
eLife Sciences Publications, Ltd, con licencia CC-BY 3.0, vía Wikimedia Commons.



Schekman no es el único que cuestiona el factor de impacto como medida. A fin de cuentas, el
índice de impacto fue creado como una herramienta para ayudar a los bibliotecarios en la selección previa a la compra o suscripción de revistas, no como una medida de la calidad científica de la investigación de un artículo. Sobre ello puede leerse una interesante exposición de Osvaldo Barsky, fácilmente accesible a través de Dialnet.[4]

En este brillante vídeo que insertamos, de PHD Comics, se explica muy bien cómo y por qué el Open Access es importante para el progreso de la investigación científica y su mayor difusión:


Manifiesto por la Guerrilla del Acceso Abierto

Las fallas en el sistema de publicación y distribución de la información científica y académica han sido cuestionadas por numerosos autores. No queremos dejar de citar al malogrado Aaron Swartz, miembro de pleno derecho del W3C con sólo catorce años y arquitecto de las licencias Creative Commons aún adolescente.

En enero de 2008, Aaron Swartz publicó su Open Access Guerrilla Manifestotraducido a numerosos idiomas. En él, llama a los individuos a compartir la información, argumentando que compartir e intercambiar el conocimiento no sólo no es inmoral, sino una obligación: «Pero compartir no es inmoral –es un imperativo moral».

La historia de Aaron Swartz puede verse en el documental The Internet´s Own Boy, escrita, dirigida y producida por Brian Knappenberger. Premiado en festivales, el documental se distribuye en Internet con licencia Creative Commons BY-NC-SA 4.0. Fue presentada en Sundance en enero de 2014, un año después de la trágica muerte de Swartz.



En las próximas entradas hablaremos de las vías de acceso abierto a los contenidos, de las licencias Creative Commons y de la tecnología que hace posible el Open Access: OAI-PMH y la recopilación de metadatos. Nos centraremos, siempre que sea posible, en las humanidades, que es lo que nos toca.

Notas:

[1] HERNÁNDEZ PERÉZ, Tony; RODRÍGUEZ MATEOS, David; BUENO DE LA FUENTE, Gema. Open Access: el papel de las bibliotecas en los repositorios institucionales de acceso abierto. Anales de Documentación, [S.l.], v. 10, p. 185-204, feb. 2008. ISSN 1697-7904. Disponible en: <http://revistas.um.es/analesdoc/article/view/1141>. Fecha de acceso: 14 mayo 2018, p. 187.

[2] SHEKMAN, Randy. Por qué revistas como ‘Nature’, ‘Science’ y ‘Cell’ hacen daño a la ciencia. El PAÍS, 12. dic. 2013. © Guardian News & Media, 2013.Traducción de News Clips, Paloma Cebrián. Disponible en: https://elpais.com/sociedad/2013/12/11/actualidad/1386798478_265291.html Fecha de acceso: 16 mayo 2018.

[3] GRANT, Bob. Web of Science Sold for More Than $3 Billion. The Scientist, 15 de julio de 2016. Disponible en: https://www.the-scientist.com/?articles.view/articleNo/46558/title/Web-of-Science-Sold-for-More-Than--3-Billion/. Fecha de acceso: 16 mayo 2018.

[4] BARSKY, Osvaldo. La evaluación de la ciencia, la crisis del sistema internacional de revistas científicas y propuestas de políticas.  Debate Universitario CAEE-UAI, ISSN 2314-2138, ISSN-e 2314-1530, Vol. 3, Nº. 5, 2014, págs. 109-124 https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=4896316

Para saber más: