¿Falsificaciones casi perfectas?



Fragmento de papiro antiguo escrito en copto con tinta legible, pero evanescente en algunos lugares
 (Actualización 11/10/2017)

Como bien nos dijo el maestro Borges, en  «El impostor inverosímil Tom Castro» de la Historia universal de la infamia, condición principal de la impostura es que el engañado esté predispuesto a serlo. En este cuento, Roger Charles Tichborne, un militar inglés criado en Francia, de exquisita educación y nobles modales, alto, delgado, moreno, dotado de facilidad para la oratoria, fue suplantado tras su muerte por Arthur Orton, alias Tom Castro, quien era «un palurdo desbordante, de vasto abdomen, rasgos de una infinita vaguedad, cutis que tiraba a pecoso, pelo ensortijado castaño, ojos dormilones y conversación ausente o borrosa». Pese a las notables diferencias, consiguió su propósito, pues la madre del finado, Lady Tichborne, se había negado con obstinación a aceptar la muerte de su hijo y estaba, después de muchos años, predispuesta a reconocer a un extraño antes que a rendirse a la idea de no volver a verlo.


fotografías antiguas en sepia de un hombre alto y delgado y otro obeso
Roger Charles Tichborne (izqda.) y Arthur Orton (dcha).

Falsificaciones e imposturas

En su ilustrador repaso por la historia de la falsificación de manuscritos, el clasicista de Harvard Christopher Jones [1], nos advierte de que, en todas las falsificaciones, ha de haber una «atmósfera receptiva», sin la cual la falsificación nunca pasaría este primer filtro. Ese primer filtro, generalmente, es un reputado especialista proclive a aceptar la falsificación y darla por buena. Una vez pasado, con el aval de ese estudioso, ya entra en el circuito académico. Es entonces cuando empiezan a surgir las primeras dudas, pero la verdad puede no llegar a saberse nunca. Casos conocidos son, por ejemplo, el de la Fíbula de Preneste, o el Papiro de Artemidoro [2], donde la opinión general especializada oscila del reconocimiento de su autenticidad al rechazo o viceversa. Muy de actualidad son los Manuscritos del Mar Muerto de la Colección Schøyen, de los que al menos nueve fragmentos se consideran falsificados, como se explica y documenta en una publicación reciente de los propios editores [9]. Sobre los nuevos fragmentos de Safo aparecidos en el s. XXI, también ha planeado la sombra de la duda, aunque hoy nadie ya duda de su autenticidad.


Fragmento del Papiro de Artemidoro. ¿Alguien cree que es auténtico? Licencia 

Y ¿por qué falsificar un manuscrito? Para hacerlo, y hacerlo bien, hay que tener unos ciertos conocimientos y una pericia de los que no todo el mundo dispone. ¿Falsificar un manuscrito y confundir a los mejores especialistas? Sí, es posible. ¿Hacerse pasar por Roger Tichborne siendo Arthur Orton? También, la historia es real y la narró la prensa victoriana. Las fotografías de ambos personajes son también reales, de la época. ¿Y qué motivos puede tener el falsificador? El del impostor Arthur Orton era el dinero. El del falsificador de manuscritos, posiblemente uno más retorcido y elaborado.

Las falsificaciones de papiros empezaron poco después de su redescubrimiento. En el siglo XIX, el famoso Constantine Simonides (Jones 2016 [3]), puso en más de un aprieto a la comunidad académica de entonces. Este prolífico fabulador de textos perdidos griegos, papiros neotestamentarios y antiguos códices llevó al descrédito a algún erudito, confundió a numerosos y llegó a proclamar que el famoso Codex Sinaiticus, uno de los más venerables manuscritos de la Biblia griega, era producto de su mano (hay quien sigue dudando hoy en día). Acabó arrestado, naturalmente, en uno de sus muchos follones. Hay quien piensa (Luciano Canfora [11]) que el papiro de Artemidoro es también obra suya.

El Evangelio de la mujer de Jesús

Ilustramos esta cuestión con la fotografía de un fragmento de papiro que ha dado muchísimo que hablar, tanto por su contenido como por su historia o, mejor, intrahistoria.  Se trata, en efecto, del famoso fragmento del Evangelio de la mujer de Jesús, cuya línea 4 estaba predestinada a suscitar acaloradas discusiones:

l. 4 ] . . . [vac. .] / ⲡⲉϫⲉ ⲓⲥ̅  ⲛⲁⲩ ⲧⲁϩⲓⲙⲉ ⲙ ̄ⲛ ̣[
l. 4 ] . . . [vac. .] / Les dijo Jesús: «mi mujer... » [


Aviso a navegantes: no vamos a hablar aquí de si el Jesús histórico tuvo mujer o no. No es eso lo que nos interesa.  Incluso si el papiro fuera auténtico, representaría solo la traducción de un escrito posterior al Jesús histórico, como bien señala la editora. Esa no es la cuestión que nos ocupa. Aquí hablamos, repito, de falsificaciones de documentos antiguos. Todo lo demás nos es irrelevante.

¿Falsificación?

El que se ha dado en llamar Evangelio de la mujer de Jesús está escrito en copto, que es el último estadio de la lengua egipcia. Concretamente, en copto sahídico, uno de sus principales dialectos, que alcanza su esplendor en el s. IV con la obra de Shenoute. La editora del fragmento, Karen Leigh King [4], postuló en su presentación en 2012 que se trata de una traducción copta precisamente del siglo IV de un evangelio apócrifo griego posiblemente del s. II. [5]

Se trata de un texto muy parecido, demasiado, al Evangelio de Tomás, un evangelio gnóstico de Nag Hammadi escrito en copto. En caso de tratarse de una falsificación, esta sería muy elaborada: se habría escrito sobre un trozo de antiguo papiro en blanco, imitando muy bien la composición de la tinta que entonces se usaba, y en un copto irregular, tanto en su gramática como en su escritura, que la editora atribuye a la impericia de un escriba principiante y los críticos, a la falta de conocimientos del falsificador. No era un lego, pues algo de copto sabía, pero tampoco un hablante nativo.

Análisis material del documento

Para fechar un objeto arqueológico compuesto de materia orgánica se usa comúnmente el examen de radiocarbono o carbono 14. Los últimos análisis han retrasado la fecha inicialmente propuesta del s. IV d.C. por entre 659 y 869 d.C. Con respecto a la tinta, los estudios de espectroscopía no ofrecen resultados concluyentes. Se dice que son similares a las tintas hechas con carbón utilizadas en multitud de manuscritos desde los primeros siglos de la era cristiana. Eso solo significa que en la composición de la tinta no hay elementos modernos, no que la tinta sea necesariamente antigua.

Análisis filológico del documento

Sus principales críticos, como Leo Depuydt [6], de Brown, o Francis Watson, de Durham University, hacen ambos, de forma independiente y por separado, un excelente análisis filológico del texto para concluir que solo puede ser una falsificación. Llaman poderosamente la atención que, por ejemplo (y resumiendo mucho),

  1. las líneas empiecen y acaben igual que en la edición del texto del Evangelio de Tomás, y que en las partes que difieren de este, el Evangelio de la mujer de Jesús contenga barbarismos gramaticales («blunders») que apuntan a que el que lo escribió sabía algo de copto, pero ni de lejos era su lengua materna. 
  2. Las partes que difieren del Evangelio de Tomás son sustanciosas y sustanciales, como la inserción de «mi mujer» en boca de Jesús (literalmente, «la mujer»). Por una parte, son las que llaman a controversia y son, precisamente, las que contienen mayor número de errores. Curiosamente, «mi mujer» (ⲧⲁϩⲓⲙⲉ, esperaríamos ⲧⲉⲥϩⲓⲙⲉ) aparece escrita con tinta más negra, como si estuviera en negrita. Como bien señala Depuydt (p.174), eso jamás se hace en los manuscritos antiguos.

Se trataría, además, de una falsificación moderna (Depuydt, p. 186; Watson ). Los antiguos no habrían tenido en sus manos la edición del Evangelio de Tomás en que se basa el autor. Todos los escribas o copistas de manuscritos coptos de la antigüedad sabían copto, era su lengua materna, y no habrían podido escribir los dos enormes barbarismos que describe Depuydt con detalle en su artículo (pp. 188-189).

Corrieron bits y ríos de tinta

El asunto movió pasiones allá por los años 2012-2013, y no solo en la prensa especializada. El papiro fue presentado en el 10ª Congreso Internacional de Estudios Coptos, en la universidad La Sapienza de Roma, en 2012, con la peculiaridad de que, antes de que los eruditos allí presentes pudieran tener acceso al contenido del manuscrito, lo había tenido la prensa.

Karen King presentó su manuscrito el 18 de septiembre. El mismo día (o incluso un día antes, no hay consonancia en las fechas) se publicó un reportaje en el Smithsonian Magazine escrito por Ariel Sabar.

recorte de pantalla del artículo original del smithsonian, con fecha 17 de septiembre de 2012
Captura de la publicación original, fechada en la web del Smithsonian Magazine el 17 de septiembre de 2012

Recorte de pantalla de la actualización del Smithsonian, que reenvía al artículo original del 18 de septiembre de 2012.
Captura de un artículo posterior (noviembre 2012), que reenvía al original del 18 de septiembre (sic)

Se da la circunstancia de que, además de la publicación en el Smithsonian Magazine, la Universidad de Harvard emitió una nota de prensa en el mismo momento en que la profesora King presentaba su fragmento. Además de eso, el escritor Ariel Sabar se encontraba entre la audiencia en Roma y continuó escribiendo sobre el hallazgo un largo reportaje que aparecería en noviembre en el mismo Smithsonian. Y no solo eso, empezó a escribir sobre ello a comienzos de septiembre, dos meses antes del congreso de Roma.

Si miramos las hemerotecas, corrieron ríos de tinta y bits, muchos bits. Redes sociales y prensa generalista se hicieron rápidamente eco de la noticia, desvirtuándola. A alguien debía interesarle todo ese ruido mediático. Mientras tanto, los estudiosos, anonadados por ese ruido, empezaban a formular sus primeras dudas [7].

La procedencia

El mismo Ariel Sabar, autor de las noticias iniciales en The Smithsonian, publicó en 2016 un amplio artículo de investigación en The AtlanticThe Unbelievable Tale of Jesus’s Wife, donde verifica la procedencia de este papiro. La procedencia es la biografía del objeto, yendo hacia atrás, desde su adquisición, su custodia a lo largo del tiempo, las diferentes manos por las que ha pasado. La procedencia de un objeto antiguo, como afirma Christopher Jones [8], es lo más difícil de falsificar. En efecto, una cosa puede imitarse, pero la historia no se puede alterar.

Acreditar la procedencia del objeto es relevante para detectar falsificaciones, pero no solo. Es necesario para evitar el expolio arqueológico y el tráfico ilegal de antigüedades. Desde 1972, tras la firma del Convenio de la Unesco de 1972 sobre protección de patrimonio cultural y natural, cualquier objeto antiguo puesto en venta ha de acreditar su procedencia. Y muchas veces lo hacen, pero con trampas. Y otras veces, los receptores de la mercancía fallan en investigar debidamente la procedencia de lo que están adquiriendo. De esto publicaremos en breve una entrada, pues nos escuece especialmente.

En este caso, parece haber un consenso en la, pongamos, no autenticidad del llamado Evangelio de la mujer de Jesús. La procedencia parece no haber estado debidamente acreditada.

Numerosos académicos han levantado su voz para reclamar que se dé fehaciente testimonio del origen de las piezas estudiadas, con el fin de evitar la complicidad con el mercado ilegal de antigüedades. Destacamos la de Roberta Mazza, de la Universidad de Manchester. Ella ha planteado una difícil pregunta: ¿qué debe hacer un estudiosos a la hora de estudiar un papiro u otro objeto material de la Antigüedad de dudosa adquisición? ¿Publicar o no publicar?

O, como clama Carrie Schroeder, estudiosa del cristianismo primitivo, especialmente monasticismo: ¡procedencia, procedencia, procedencia!

La novela de misterio

Mas volvamos al artículo de Ariel Sabar y su artículo de investigación para The Atlantic, la prestigiosa y muy antigua revista cultural norteamericana.  Ariel Sabar es periodista y un premiado escritor, que sabe construir un relato sólido, y dota a su artículo del suspense de una buena novela. A través de estas páginas, Sabar nos conduce hasta el supuesto comprador del lote de papiros en que se encuentra el Evangelio de la mujer de Jesús, personaje ciertamente novelesco. Buscando la procedencia del papiro, Sabar encuentra que solo hay fotocopias e, investigando, llega al Berlín de la Guerra Fría, a un oscuro estudiante de egiptología de la Universidad Libre de Berlín, al responsable del Museo de la Stasi, a un pornógrafo de Florida casado con una mujer que dice conectar con los ángeles y hablar con ellos en arameo, a todas estas personas que son una, que admite ser el dueño del papiro, pero no su autor.

Tras la aparición de este artículo, la editora del papiro admite que «la balanza se inclina hacia la falsificación».

Para terminar...

En 2016, el grupo de investigación The Lying Pen of Scribes, de la Universidad de Agder (Noruega) organizó una conferencia sobre las construcciones de la procedencia y las narrativas de la falsificación: Roberta Mazza estuvo allí y escribió un muy interesante informe en su blog. También Ariel Sabar, que ofreció su testimonio sobre el caso del papiro que nos ocupa.

No queremos terminar esta entrada sin ofrecer una buena recopilación de proyectos de investigación sobre este tema: la falsificación de manuscritos antiguos, especialmente papiros.

Manuscritos del Mar Muerto


Fragmento de  1QIsab  Licencia 

No pensaba hablar de ello, mas, según terminamos esta entrada, nos llegan vibrantes correos y mensajes de todo tipo por las redes sociales. El asunto lleva sugiriéndose mucho tiempo, pero ahora ya parece claro: muchos de los últimos Manuscritos del Mar Muerto editados son simple y llanamente falsos. La prensa académica los llama ahora «Dead Sea Scrolls-like», de hecho [10]. Véase, como muestra, la entrada aparecida ayer domingo día 9 en el blog de Michael Langlois, uno de los editores de la colección Schøyen: Neuf fragments de “manuscrits de la mer Morte” douteux apparus au XXIe siècle.

Hace unos días apareció en Times of Israel un interesante artículo para el público en general sobre el fraude (scam) de los nuevos Manuscritos del Mar Muerto.

La última entrada del blog del proyecto The Lying Pen of Scribes es una guía con todas las fuentes secundarios de información disponible sobre los fragmentos del Mar Muerto aparecidos tras 2002, por Årstein Justnes y Ludvik A. Kjeldsberg.

Como esta entrada ya se nos está quedando pequeña, seguiremos en breve.

Bibliografía y notas

[1]  Jones, C. (2015). The Jesus' Wife Papyrus in the History of Forgery. New Testament Studies, 61(3), 368-378. doi:10.1017/S0028688515000119
[2] Giambattista D'Alessio (2009) On the "Artemidorus" PapyrusZeitschrift für Papyrologie und Epigraphik 171, 27-43. Ver también Brodersen, K., & Elsner, J. (2009). Images and texts on the "Artemidorus Papyrus": working papers on P. Artemid. (St Johns College Oxford, 2008). Stuttgart: Franz Steiner Verlag.
[3] Christopher P. Jones (2016), A Syntax of Forgery,  Proceedings of the American Philosophical Society: Held at Philadelphia for Promoting Useful Knowledge, ISSN 0003-049X, Vol. 160, Nº. 1, 2016. Disponible a través de la página de Dialnet (consultado el 07/10/2017).
[4] https://gospelofjesusswife.hds.harvard.edu/
[5] Evangelios son los textos que narran la vida y milagros (nunca mejor dicho) de Jesús. Se llama evangelio apócrifo a los evangelios que no fueron incluidos en el canon del Nuevo Testamento. La palabra «apócrifo» proviene del latín medieval apocryphus, que en sí es un helenismo (ἀπόκρυφος) que significa «secreto».
[6] Leo Depuydt (2014) The Alleged Gospel of Jesus’s Wife: Assessment and Evaluation of Authenticity, Harvard Theological Review 107:2, 172-89.
[7] Mario Campani (2012) Jesus’ wife: A papyrus adrift, dentro de la sección Manuscript of the Month del Centre for the Study of Manuscript Cultures (CSMC) de la Universidad de Hamburgo.
[8] Christopher P. Jones (2016), A Syntax of Forgery,  Proceedings of the American Philosophical Society: Held at Philadelphia for Promoting Useful Knowledge, ISSN 0003-049X, Vol. 160, Nº. 1, 2016. Disponible a través de la página de Dialnet (consultado el 07/10/2017). Ver página 31.
[9] Kipp Davis et alii (2017) Nine Dubious ‘Dead Sea Scrolls’ Fragments from the Twenty-First Century, Dead Sea Discoveries 24/2 pp. 189-228. Publicación en línea a través del blog de Michael Langlois (consultado el 09/10/2017).
[10] Tigchelaar, Eibert (2017) A Provisional List of Unprovenanced, Twenty-First Century, Dead Sea Scrolls-like Fragments, Dead Sea Discoveries, 24, 173-188, DOI:https://doi.org/10.1163/15685179-12341429
[11] Luciano CANFORA (2008) The True History of the So-Called Artemidorus Papyrus. A Supplement, Bari: Edizioni di Pagina.

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